Por qué enfadarse es bueno para la salud

Cuando nos enfadamos o generamos ira, irritabilidad… solemos sentirnos mal y pensar que este gesto no tiene ningún tipo de ventaja para el organismo, pero ¿y si no fuese así? Estudios recientes aseguran que los conceptos anteriores que, a priori, parecen tan negativos, pueden suscitar una serie de beneficios para la salud, incluso en materia de supervivencia. GrupoLaberinto, el último concepto en psicoterapia, te cuenta por qué enfadarse puede llegar a ser bueno para la salud. ¡Te sorprenderás!.

Diferentes estudios determinan que enfadarse de vez en cuando es bueno para la salud,ya que favorece al corazón y al cerebro, producto de que esta emoción oxigena y fortalece el organismo.

Enfadarse un periodo corto de tiempo ayuda a que algunos órganos del cuerpo se activen. Pero éste debe ser momentáneo, ya que, normalmente, el enfado va acompañado de una reacción fisiológica, que si se mantiene demasiado tiempo puede activar los ejes del estrés de forma crónica, generando así problemas de salud.

El enfado puede indicar que hay algo que duele, que al individuo le parece injusto… Y si este puede aceptar esta emoción e intentar entender qué hay detrás, puede guiarle en el autocuidado: quizá necesite descansar, tomar decisiones, poner límites… o, simplemente, deshacerse de emociones, sensaciones o creencias negativas que le acompañan desde hace tiempo.

1Existen muchas curiosidades acerca de tus enfados, ¿quieres saber más?

Cuando alguien está enfadado su sistema nervioso simpático se activa. Por ende, aumenta su ritmo cardiaco, su respiración y comienza a sudar, a la vez que se ralentiza su sistema digestivo. Según los estudiosos, todo lo anterior es una reacción fisiológica del cuerpo que busca llenar al sujeto de energía para saber responder ante cualquier situación que se le presente.

El control excesivo del enfado está relacionado, en muchas ocasiones, con manifestaciones somáticas como úlceras estomacales, cefaleas o hipertensión. Esto se debe a que, a veces, el individuo interrumpe la expresión del enfado por restricciones sociales o por miedo al rechazo.

Según los expertos, cuando uno está enfadado, la ceja se vuelve más marcada, el grosor de la mandíbula aumenta y las fosas nasales se ensanchan. Este gesto hace que la persona que lo luce parezca más fuerte físicamente que los demás.