Dice que la maternidad le ha enseñado a definir las prioridades en su vida; que tuvo una infancia liberal y que aprende día a día qué es eso de educar a dos hijos. Nos cuenta que prefiere la naturalidad ante todo y que ha aprendido a disfrutar de las pequeñas cosas de la vida. Olivia Molina aprovecha el tiempo al máximo: hace teatro, televisión y es embajadora de Citroën C3.

¿Cómo llevas el ritmo de trabajo?
Hay momentos más difíciles y momentos en que los llevas mejor. Pero en general, con organización se puede hacer todo. Cuando hay trabajo hay que estar agradecido y cogerlo con ganas y cuando no, pues se hacen otras cosas.

En una profesión como la tuya la imagen es importante, ¿hay mucha presión?
Yo nunca me he sentido esclava en absoluto. De hecho voy acogiendo cada etapa de mi vida con total libertad y agradecimiento. Con la maternidad entras en una etapa más madura, donde aceptas los cambios físicos y de ritmo de tu vida. Yo lo he vivido con mucha naturalidad, incluso los procesos internos… que me lo quedo para mí porque son cosas muy personales. Y no noto la presión. Me siento bien y veo que puedo acceder a otro tipo de personajes más maduros, con otras características. Y estoy contenta, la verdad. Es cierto que en nuestro oficio cuando una actriz llega a una determinada edad, el volumen de trabajo y de personajes baja radicalmente y es por eso por lo que estamos luchando. Hay que respetar las elecciones de cada mujer. Si nos cuidamos más o menos que sea porque queremos, no porque nos sintamos obligadas. Porque si todo es desde la presión externa, seguiremos viviendo en esa esclavitud que nos lleva a querer estar siempre perfectas. Y no.

¿Esta filosofía de vida es de siempre o es producto de los años?
Uno se educa por el entorno y las experiencias que vive y luego está tu carácter y tu trabajo personal. Es un compendio de todo. Tengo a mi alrededor mujeres a las que admiro y respeto profundamente; que viven las etapas de su vida con absoluta naturalidad y que también se permiten decir: “qué difícil envejecer”. Porque no todo es color de rosa y eso también tenemos que decirlo y compartirlo. Mis amigas, mis tías, mi madre, mi abuela… nosotras hablamos mucho. Y eso es muy importante, apoyarnos y compartir el hecho de que a veces estás en una etapa en la que no te reconoces físicamente o tienes un problema…

No te veo esclavizada por las dietas, o el ejercicio…
Esclava no, porque eso es algo que resta libertad.
Y yo no lo vivo así. Pero me gusta hacer ejercicio y disfruto del proceso de aprender a estar mejor, pero nunca lo he vivido como una esclavitud. Jamás.

¿Por eso has hecho cursos de nutrición?
Me interesa mucho la alimentación y hace ya tiempo que no consumo nada animal. Estoy en un cambio muy personal que no impongo a nadie y en casa cada uno es libre de decidir. Hago una dieta basada en legumbres, cereales integrales, productos ecológicos, fruta, verduras, semillas… todo muy natural. Al final es un poco de sentido común.

¿Ese cambio te ha costado? ¿Has renunciado a mucho?
No lo he vivido como una renuncia porque he sustituido algunas cosas por otras. Por ejemplo, en vez de azúcar blanco, que hace mucho tiempo que no tomo, utilizo azúcar de coco, o agave, o plátano… Se trata de volver un poco a los sabores naturales, los de siempre. Y se consigue. Es verdad que pasas una etapa como un poco de abstinencia, pero se supera.

¿Eres cocinillas?
Me gusta cocinar y disfruto entre fogones. Me encantan los wok de verduras con tamar y semillas, con fideos de arroz… eso nos encanta. Y luego platos de cuchara, por ejemplo lentejas con calabaza, pastas de trigo sarraceno. Hablo en plural porque al final es lo que comemos todos. Semillas de lino, bayas de goji, chía, semillas de calabaza, sésamo negro… cosas que vas integrando, que aportan muchos nutrientes a tu dieta, y eso se nota.

Todo muy sano, pero ¿no te permites algún capricho de vez en cuando?
Si, claro; me gusta de pronto hacer una tarta de zanahoria o galletas de avena con chocolate…

¿Al final eres de gimnasio o deporte al aire libre?
Pues de todo. Tengo una vida muy activa y mi tiempo libre prefiero pasarlo con mis hijos y hacer cosas con ellos. Salimos mucho a caminar juntos o montamos en bicicleta.

Tener dos niños pequeños es el mejor ejercicio, ¿no?
No te lo puedes ni imaginar. Haz una compra con los niños en brazos y ya no necesitas gimnasio. Pero sí que me gusta hacer ejercicio. Es algo que me inculcaron de pequeña, hice ballet clásico toda mi vida y al final es algo que necesitas.

¿Tienes algún secreto de belleza?
Lo que hago siempre es una limpieza exhaustiva. No solo por que todos los días me maquillan, sino por la misma polución. Me parece básico. Uso una crema limpiadora potente y un jabón que luego retiro bien con un paño de algodón. Más tarde un tónico y un sérum con vitamina C para las manchitas de la piel que suelo tener bastantes y al final una superhidratación. Y algo que siempre hago es ponerme protección solar 50, sea invierno o verano, eso es básico también para mis hijos.

¿Y eres constante? porque lo peor es seguir la rutina.
Lo tengo integradísimo, porque no sirve de nada hacerlo puntualmente. Lo que importa es convertirlo en un estilo de vida, integrarlo. Yo lo sigo a rajatabla.

¿Eres fiel a marcas?
Voy cambiando. Tengo una amiga, Maica, que es nutricionista y esteticién y siempre me orienta con cosas nuevas que aparecen. Pero no me gusta dejarme pastizales y prefiero gastar el dinero en otras cosas. Prefiero aceites naturales, y para el día a día prefiero cosas que sé que son buenas, con principios activos potentes pero que no son carísimos.

¿Maquillada o cara lavada?
Pues también va cambiando. Antes salía con la carita lavada y era maravilloso, pero ahora con los años… Va por etapas, también. A veces si estoy más cansada me pongo una crema que tape más las imperfecciones y las manchas, pero porque me siento más favorecida. Y me gusta ponerme un poquito de máscara y reforzar las pestañas. Aunque también es verdad que después de estar maquillada siempre por trabajo, cuando descanso prefiero quitarme la careta.

¿Qué hay en tu bolso?
El protector solar, seguro, y un cacao de labios con un poquito de color también y quizás una crema de manos y un kit de retocar las cejas.

Un capricho caro que te hayas concedido.
Si es un capricho, siempre ha tenido más que ver con un viaje. Antes que un bolso o unos zapatos, que en algún momento ha podido caer… tiro más por algo para compartir todos.

Vale, pues un viaje.
De repente nos hemos cogido las mochilas y nos hemos ido a hacer trekking al Cabo de Gata… Que quizás no sea muy extravanate, pero para nosotros todo lo que sea salir de la rutuina ya nos vale. Un viaje a Marruecos con los niños, o irnos a México cuando está su papi trabajando allí y nos cojemos y nos vamos un mes.

Habiendo nacido en Ibiza, te tira más el mar o, al contrario, la montaña?
Yo soy de mar. Lo busco, lo necesito y conecto muy rápido con él. Me baja mucho las revoluciones, me da paz.

¿Y cuándo quieres desconectar por completo?
Me parece básico el encontrar un espacio o un lugar propio: hago yoga, medito, leo, salgo con unas amigas a comer o sola, a dar un paseo al parque de al lado. Necesito momentos de resetear y reflexionar.

¿Al vestir, cuál es tu estilo?
Superbásico y priorizo la rapidez y la comodidad en mi día a día. Me encantaría ponerme otro tipo de cosas, pero es que no me van. Al final voy con unos vaqueros que me gusten, que puedo tener incluso en varios colores, jersey de lana amplio y gustosos y camisetas básicas. También tengo vestidos por la rodilla, que no me impidan ir con el carrito del pequeño y con mi hija de la mano…

O sea, que nada de una falda lápiz y taconazos…
Pero no porque no me guste, sino porque no puedo. Y que conste que a veces veo a mamás con el carrito y los tacones y digo, “Olé, tú”… y me encanta. Yo lo dejo para las ocasiones especiales. Pero al final, la feminidad es de una y yo me puedo sentir superfemenina con una zapatilla deportiva y un vaquero. Es cuestión de actitud.

¿Qué tipo de madre eres?
De las que hablan. Sergio y yo intentamos educar, pero siempre desde el respeto y escuchando. No somos tajantes, intentamos explicar las cosas para que empiecen a decidir. Son pequeños pero ya empiezan a ser consecuentes.

¿Así te educaron a ti?
Tuve una infancia preciosa, absolutamente liberal y con un mundo interior muy rico. A veces me tenía que poner límites, porque no los tenía. Cada uno va creando su manera de educar y yo sigo aprendiendo.