BEBE MUCHA AGUA

El agua es la bebida más natural y saludable que existe, por ello, olvida los refrescos carbonatados y decántate por ella siempre que salgas a comer fuera. Además, ésta también te puede ayudar a evitar que te excedas con las cantidades, ya que tiene un efecto muy saciante para el estómago. ¿Un truco? Antes de que llegue tu plato bebe un vaso de agua a pequeños sorbos. Así, no tendrás tanta hambre y comerás menos.

OLVÍDATE DEL PAN

La mala costumbre de picotear un poco de pan antes de que traigan los platos puede echar a perder todos tus esfuerzos. Así que, aunque es complicado, intenta no tomar nada de pan antes de la comida, piensa que son calorías que no necesitas y lo único harán es evitar que pierdas peso. Pero esto no significa que no puedas comer nada de pan, puedes tomar una rebanada pequeña sin problemas, pero no abuses, y, si puedes, elige su versión integral.

CUIDADO CON EL POSTRE

Has decidido salir a cenar, vale, pero no se te puede olvidar que estás a dieta. Lo ideal por tanto es que solo pidas un plato principal y te olvides del postre y de los entrantes. Pero, si no te puedes resistir a un entrante, tómate unos segundos y pídelo con cabeza. No elijas platos que contengan salsas o queso, decántate mejor por una ensalada sencilla o una crema de verduras. Y si tampoco te puedes resistir al postre, la solución puede ser un sorbete o una macedonia. En el peor de los casos, si el postre es muy calórico compártelo con alguien.

LAS PORCIONES MÁS PEQUEÑAS

Olvídate de la norma de tener que dejar el plato reluciente. Si te dejas las patatas fritas o una croqueta no pasa nada. Además, si tienes la opción de pedir una ración más pequeña no lo dudes y hazlo. ¡Ah! y si tienes que elegir una salsa para tu plato, opta por las de tomate natural, al menos no tienen tantas calorías como una salsa con nata y muchas veces entre sus ingredientes se encuentra el chili, ideal para estimular el buen funcionamiento del metabolismo.

MERIENDA SIEMPRE

Está comprobado que tomar un snack anterior a la comida ayuda a no desembocar en un atracón nada más llegar al restaurante. Puedes tomar un poco de fruta o un yogur. El muesli también puede ser una opción perfecta para calmar el hambre, obtener nutrientes esenciales, y garantizar una digestión ligera que permita disfrutar al 100% de la comida después.

ANALIZA EL RESTAURANTE

Siempre que puedas, intenta elegir restaurantes con opciones saludables para cuidar la línea. Entre las mejores se encuentra la cocina japonesa, vegetariana, peruana o tailandesa, ya que siempre tienen variantes ligeras, bajas en calorías y saludables. También puedes probar con restaurantes que incluyan tartar o carpaccio en su carta, dos tipos de recetas que normalmente tienen muy poca grasa y están deliciosas. Si por el motivo que sea no te ha quedado más remedio que ir a un restaurante de comida rápida, recuerda que ensaladas hay en casi todos los restaurantes y elige la más saludable que puedas. Eso sí, asegúrate de qué aliño va incluido con tu ensalada y si ves que va a contener muchas calorías pide que no te lo sirvan. El aceite de oliva y el vinagre son el mejor aliño y te sacarán de un buen apuro.

OJO CON EL ALCOHOL

No tienes porqué privarte de una copita de vino aunque estés a dieta. Lo que realmente es malo, es la combinación de alcohol y comida, porque aporta muchas calorías e impide la quema de grasas. La mejor opción en este caso es el vino seco, porque contiene menos azúcar y menos calorías.

¿Y LAS CENAS EN CASA?

A veces las cenas con amigos en casa también pueden representar un peligro en nuestra dieta. Pero si tienes la suerte de poder organizarla tú, no tendrás ninguna excusa para cuidarte y dejar a todos tus comensales impresionados. Y es que a día de hoy hay muchas recetas para reemplazar los típicos platos calóricos por unos igual de deliciosos pero con la mitad de grasa. Eso sí, deberás controlarte cuando estés cocinando. Probar los platos no significa atiborrarse, porque de lo contrario todo tu esfuerzo se irá al traste y no servirá de nada.