Llevamos semanas encerradas en casa y solo salimos a la calle para ir a la compra o acercarnos a por una caja de ibuprofeno a la farmacia más cercana. Algunas pocas afortunadas también tienen la posibilidad de pisar la acera para pasear unos minutos con sus mascotas. Ay, quién nos diría que en 2020 tener un perro era un privilegio. Y de los grandes. Nuestra vida ha dado un giro de 180º y ahora, como si todo esto se tratase de una película de serie B, nos encontramos en mitad de una pandemia que afecta a todo el planeta y que nos obliga a estar confinadas. De ciencia ficción, distópica o de terror, puedes elegir el género que más te apetezca pero la situación es la misma para todas: un auténtico miércoles por la tarde, como diría Juanes en su canción La camisa negra. Y es que es tal cual. La situación, además de ser un fastidio generalizado, es monótona a más no poder. Todos los días parecen miércoles por la tarde. O lunes, o domingo. Todos los días parecen el mismo. Sufrimos el auténtico día de la marmota en nuestras propias carnes.

¡Maldita monotonía!

La monotonía es un problema. Y, como problema que es, tenemos que evitar caer en ella. Teniendo en cuenta que el momento más animado del día es cuando el reloj marca las ocho y, desde nuestros balcones y ventanas, aplaudimos con todas nuestras fuerzas, queda más que claro que nuestra vida es ahora más aburrida que nunca. La monotonía es un problema y, a grandes problemas, grandes soluciones o, como también se suele decir: al mal tiempo, buena cara. Nosotras hemos querido dar un par de vueltas a estos dichos populares para adaptarlos a nuestra situación actual. Preferimos enfrentarnos a los grandes problemas, con grandes tacones o, al mal tiempo, ponernos buenas galas. Una forma divertida y fashionista de acabar con este soberano aburrimiento. ¿Y si, cada vez que salimos a la calle para ir al súper, nos vestimos como si fuéramos a una alfombra roja?

Hacer un Bibiana

Como si viviéramos en Gilead, la república inventada por Margaret Atwood donde trascurre la novela de El Cuento de la criada, tenemos que mantener una distancia de seguridad en los supermercados, respetar el aforo y llevar en todo momento guantes. Bien sabe de esto último la gran Bibiana Fernández, que para comprar algo de fruta fresca en el Mercadona, se enfundó en unos maravillosos guantes largos dignos de cualquier alfombra roja. Te proponemos hacer lo mismo. Deja a un lado los leggins y la sudadera que te acompañan diariamente durante el confinamiento y plántate un vestidazo y un abrigo de plumas para hacer la compra. Diviértete, no sientas vergüenza. Ahora más que nunca tenemos la excusa para pasarnos de la raya, para jugar con nuestros looks más excesivos y llevarlos a los sitios donde antes jamás los llevaríamos. Cuarto y mitad de estilazo.

Hacer un Naomi

Era marzo de 2007 y la top model británica Naomi Campbell acababa de ser condenada a fregar los suelos de un edificio de Nueva York tras agredir con su teléfono móvil a su asistenta. Un servicio comunitario que tendría que cumplir durante una semana además de tener que pagar una multa y realizar un curso de autocontrol. Como no podía ser de otra forma, durante esos siete días, los paparazzi apenas se movieron del edificio al que la modelo acudía rigurosamente. Querían verla demacrada, con ropa de trabajo y en sus horas más bajas. Sin embargo Naomi Campbell, que siempre ha sido la reina del exceso, se negaba a darles lo que ellos querían y se plantaba cada día con un modelito diferente. Todos ellos despampanantes.

El summum llegó al séptimo día, cuando la top se bajó de un llamativo Rolls Royce plateado y apareció frente al edificio con un vestido largo repleto de cristales de Swarovski de la colección Otoño-Invierno 2007/08 de Dolce&Gabbana y con unas increíbles sandalias de tacón. Un look no demasiado apropiado para ponerse a fregar suelos pero, sin duda, toda una provocación que pasará a la historia. Historia que tú puedes repetir estos días. Si Naomi se plantó un vestidazo para realizar labores de limpieza, ¿no te vas a poner tú uno para bajar a por el pan? ¿Acaso hay un dress code establecido para ir a la panadería?

Hacer un Mar

Si te da vergüenza hacer un Bibiana o un Naomi siempre puedes hacer como Mar Flores. La modelo, que es extrema pero no tanto, prefiere vestirse de gala para quedarse en casa. Ella se pasea del salón a la cocina con un vestido de Tarik Ediz de lo más elegante y sofisticado. Un estilismo que bien podría lucir en una de las muchas fiestas a las que acude. O más bien acudía. Tú puedes hacer como ella y descolgar ese vestido que te compraste para la boda de tu amiga y que aún no has podido estrenar o subirte a esos tacones que encontraste por suerte en las rebajas y que jamás te has puesto. Píntate, arréglate y lúcete que, aunque no te vaya a ver nadie, lo cierto es que este plan conseguirá acabar con la monotonía de estos días. Atrévete a llevar las prendas más arregladas en esta situación tan aliñada y oye, si te animas, envíanos las fotos por Instagram, que nos encantaría verte.