EN 2001 se casó con el torero Finito de Córdoba, con quien tiene dos hijos, y se retiró de la primera línea para dedicarse a su familia, porque Arancha del Sol siempre tuvo claro que la vida personal era su prioridad. No se arrepiente, pero hoy asegura que lo hubiera hecho de otra forma. Está en un momento delicado (el pasado agosto perdió repentinamente a su padre a quien estaba muy unida), pero tiene las ganas y la fuerza para volver al medio que la convirtió en uno de los rostros emblemáticos de los 90. Una colaboración con el programa Saber vivir, de TVE, es el comienzo.

¿Qué recuerdos tienes de tus comienzos?
La ilusión y las ganas de comerte el mundo. Comenzar a trabajar y ver que tus sueños se hacen realidad…

¿Llegaste a la moda y la tele por casualidad o lo tenías claro desde pequeña?
Siempre me había tirado, cada vez que veía una cámara me encantaba, y mi madre lo vio. En un programa de la mañana de Jesús Hermida se hacía un baile de debutantes y mi madre mandó una foto mía con 15 años y me eligieron. La primera que salía bailando con una actor era yo. Ahí me entró el gusanillo, contacté con una agencia y me presenté al concurso de Miss Madrid. Pero a mí lo que siempre me había gustado era la tele.

Te vino todo muy rodado.
La verdad es que sí. Fue la época dorada de la televisión en este país, con la irrupción de las privadas, y fue más fácil. Aprendí mucho porque era saltar al ruedo sin capote, yo llegaba a grabar seguidas veinte horas, pero estaba pletórica. Tele 5 tenía un estilo muy fresco y espontáneo y yo encajé muy bien en él… Miro con nostalgia aquella época. Lo que no me gusta es en lo que ha derivado tanta espontaneidad, creo que se ha salido un poco de madre, me parece muy barato. Me gusta más el estilo positivo y alegre del entretenimiento.

¿Qué hay que tener para transmitir en televisión?
No lo sé porque estaría continuamente en televisión. Como espectadora hay gente que me llega y otra que no. Es algo que va más allá de un físico, comunicar es lo más importante.

¿Qué presentadora te gusta especialmente?
Siempre me ha gustado muchísimo Ana Rosa Quintana. De mi generación me gusta Nuria Roca.

¿La tele es más cruel con el paso del tiempo con la mujer que con el hombre?
Todo se ha prolongado. Antes una mujer a partir de los 30 empezaba casi el declive. Me acuerdo que cuando empecé en la moda decían que una mujer de 24 años era mayor como modelo y ahora están al pie del cañón con 40 años.

¿Te gusta la moda?
La verdad que no. Estoy al tanto, pero no ha sido uno de mis fuertes.

¿Tuviste que renunciar a la tele para formar una familia?
La verdad es que no. Piensas que siempre puedes volver, pero te das cuenta que esto no es así. Mi prioridad siempre ha sido la vida personal, más que la profesional, y siempre pensé que me lo podía tomar con tranquilidad y luego volver, pero esto es lo cruel de esta profesión, que cuando haces un paréntesis no es tan fácil. El circuito cambia tan rápido que si no estás dentro pierdes el tren. Para mi ha sido un privilegio estar pendiente de mis hijos en estos tiempos, pero siempre creí que lo podría retomar sin problemas y no es verdad.

¿Y te has arrepentido?
He pensado que lo podía haber hecho de otra manera, pero también digo ¡que me quiten lo bailao! Recuerdo que grabé un programa cuando mi hija tenía seis meses y cada vez que me marchaba por la mañana y la dejaba en la sillita me daba un dolor…

¿Ahora te apetece volver?
Sí, me encantaría. De hecho ahora comienzo a colaborar con el programa de TVE Saber vivir, presentando una sección de entrevistas a personajes populares sobre sus hábitos saludables. Estoy inquieta y con mucha ilusión. También tengo otro proyecto de programa como presentadora que ya hemos hecho el piloto. Cuando llevas tiempo fuera piensas si lo podrás hacer, pero en cuanto se enciende el piloto rojo es como antes.

¿Qué te ha aportado la vida en Córdoba?
Lo veo como si viviera en las afueras de Madrid porque vengo continuamente, aunque este año lo he hecho menos porque no tenía ánimos. Estoy encantada allí porque es calidad de vida. Es una ciudad muy tranquila y cómoda y para los niños es ideal.

¿Te da vértigo cumplir años?
Nunca he sido una obsesionada con el físico. No me doy mucha cuenta del paso del tiempo hasta que veo las fotos, pero yo lo llevo bien.

¿Estás contenta con tu vida?
Con mi vida personal mucho, profesionalmente me hubiera gustado hacer más cosas, pero todavía estoy a tiempo. Este país es muy de etiquetas y prejuicios, llevo trabajando en los medios desde que tenía 17 años, pero desde que me casé me ha costado mucho volver y puede ser que por casarme con una persona popular me he sentido como con una etiqueta. Desde que comencé, y hasta los 29 años, fue todo muy rodado, pero desde que me casé no ha sido así. Lo que nunca me ha faltado es ser prescriptora de marcas. Pero en la ficción, que me hubiera gustado hacer muchas más cosas, me cuesta acceder a un cásting, no digo ya a un personaje.

¿Cómo te llevas con las redes sociales?
Me cuesta, aunque lo hago. Yo soy poco exhibicionista de mi vida. Para mí eso es trabajo. No me gusta enseñar mucho dependiendo de qué áreas,

¿Qué rasgos destacas más de tu personalidad?
Me dicen que parezco tranquila y serena, pero de eso nada, por dentro soy bastante nerviosa. Soy impaciente, lo quiero todo para ahora y para ya; exigente conmigo y con todo y eso puede ser una virtud o un defecto.

Tienes una hija de 15 años y un niño de 9, ¿es difícil ser madre de una adolescente?
Es complicado ser madre, es la tarea más difícil que hay. Tener la medida con tus hijos, que sepan que confías en ellos para hacerlos más responsables, pero que no se te vaya la mano. La libertad es lo más importante y complicado al educar.

¿Has desterrado algo de tu armario al cumplir años?
Hace ya tiempo. Cuando veo esas camisetas enseñando el ombligo me digo «quién pillara los 20». A mi hija le digo que por qué no lleva cosas más cortas, pero ella al revés, tapada siempre.

¿Cambias ropa con tu hija?
Sí, pero ella se enfada más cuando le cojo algo del armario que si me lo hace a mí.

¿Qué estilo te define?
Soy cómoda en el día a día, pero si me tengo que arreglar soy la más sacrificada. Puedo llevar un zapato de aguja, aunque cada vez los pies me duelan más.

¿Sigues la moda española?
Me siento muy española y en este momento más, porque creo que es necesario. Me encanta la moda española, un volante, un lunar… Y los españoles somos los que menos hemos sabido explotarlo, para lo nuestro somos muy malos.

¿Qué es lo que más encontramos si abrimos tu armario?
Pantalones y vestidos largos. Botas en invierno y sandalias en verano.

¿Y lo que menos?
No hay ninguna prenda a la que le tenga una manía especial. Hubo un tiempo que le tenía manía a la falda pantalón, pero cuando volvió a ponerse de moda se me quitó la tontería.

¿Sigues las tendencias?
Cada temporada estoy al tanto de lo que se lleva pero me tengo que encontrar favorecida, si no no me lo pongo.

¿Cómo defines el estilo?
Es algo interno. Puedes aprender, porque la formación es esencial en todo, pero si no está de base es difícil. Y no va con el dinero, puedes encontrar la persona más elegante del mundo en el campo y lo más ordinario en la mejor familia.

¿Gastas mucho en ropa?
Soy caprichosa, pero no me gusta gastar mucho dinero. En zapatos y bolsos no me importa, la ropa me da igual.

¿Tienes algún referente de estilo?
Me encanta Naty Abascal. Es espectacular, súper atrevida y hace unas mezclas que solo las puede llevar ella porque tiene una personalidad muy fuerte. Es una mujer que no deja de sorprenderme, y todavía más a su edad.

¿Pasarías por el quirófano?
Me da miedo porque he visto como amigas guapísimas se han destrozado la cara porque pierden la perspectiva y se van haciendo tantas cosas, y no solo en el quirófano. Hay gente con la piel arrugada jovencísima y gente con la piel súper estirada que la ves súper mayor. La juventud es otra cosa. Además, cada arruga y estría forma parte de la historia de tu vida. Yo tengo patas de gallo desde que tenía 16 años porque cuando me río me arrugo y si te quitas esas arrugas te cargas la expresión.

¿Cómo es tu día perfecto?
Sin dudarlo, un día soleado porque el sol me da energía y alegría. Un día perfecto es en familia, pero hoy por hoy, y en breve lo voy a experimentar, sería trabajando.

¿Eres de ciudad o campo?
Soy muy de  ciudad, y afortunadamente mi marido también. Todo el mundo piensa que por su profesión tendría que ser más de campo, pero él es todavía más urbanita que yo.

¿Te gusta la vida social?
Es curioso porque cuando vivía en Madrid me daban pereza los eventos y ahora los disfruto mucho porque llevo una vida muy tranquila.

Llevas con Finito 20 años, ¿cómo se consigue?
Enfadarse mucho y muchas reconciliaciones, porque son lo mejor. Mi marido es una persona súper positiva que te hace la vida muy fácil. Te hace disfrutar de las pequeñas cosas, es optimista, es padrazo, le encantan los niños… Siempre digo que tengo tres niños en vez de dos. Además, somos muy parecidos en la forma de ver la vida y nos hemos acoplado muy bien.

¿Te gustaría que tu hija siguiera tus pasos?
Quiero que los dos sean lo que les haga felices, pero me encantaría. Tiene facultades, es una niña fresca, espontánea, divertida, es mucho más extrovertida que nosotros dos, aunque no creo que se lance a este mundo. Podría hacerlo muy bien, pero no le apetece nada. Le gusta el arte pero por otros derroteros, dibuja muy bien.